Pie y Humanidades

Sociedad Española de Medicina y Cirugía del Pie y Tobillo

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Vol. 3. Núm. 7. Diciembre 2023

Simbolismo del pie en la pintura.
Adoración de los Reyes. Cornelis de Vos

Dr. Andrés Carranza Bencano

Catedrático de Traumatología y Cirugía Ortopédica

Figura 1. Adoración de los Reyes. Cornelis de Vos. Hacia 1630. Óleo sobre lienzo. 245 x 326 cm. Museo de Bellas Artes. Sevilla.

Figura 1. Adoración de los Reyes. Cornelis de Vos. Hacia 1630. Óleo sobre lienzo. 245 x 326 cm. Museo de Bellas Artes. Sevilla.

La primera representación que se conoce de los Reyes Magos se encuentra en la capilla griega de la catacumba de Priscila de Roma (Figura 2), cuyos frescos están datados entre la segunda mitad del siglo II y la segunda del siglo siguiente. Está situado sobre el arco que da paso al cubículo destinado a acoger los sarcófagos de la familia de los Acilios.

Figura 2. Catacumba de Santa Priscila.

Figura 2. Catacumba de Santa Priscila.

Figura 3. Detalle de la sagrada Familia.
Figura 3. Detalle de la sagrada Familia.
Figura 7. Detalle de Baltazar.

Figura 7. Detalle de Baltazar.

Figura 9. Detalle de personajes acompañantes.

Figura 9. Detalle de personajes acompañantes.

Figura 12. Relicario de los Tres Reyes.
Figura 12. Relicario de los Tres Reyes.

En el Museo de Bellas Artes de Sevilla, esta gran obra que presentamos ocupa un testero completo de la sala IX, y durante muchos años fue atribuida al granadino Pedro de Moya, hasta que Matías Díaz Padrón la asignó a Cornelis de Vos, en el catálogo de la exposición del centenario de Rubens en Madrid en 1977 (Figura 1).

La composición está basada en el grabado de Lucas Vorstermann, según el original de Rubens, del Museo de Bellas Artes de Lyon.

No se representa un humilde portal sino que la Sagrada Familia recibe a los Reyes Magos en el pórtico de un viejo edificio de traza clásica (Figura 3).

Figura 4. Detalle de Melchor.

Figura 4. Detalle de Melchor.

Figura 5. Detalle de la corona de Melchor.

Figura 5. Detalle de la corona de Melchor.

Melchor está arrodillado y descubierto (Figuras 4 y 5), mientras que Gaspar y Baltazar se sitúan en posición de pie (Figuras 6 y 7).

En los laterales, se muestran los acompañantes de los Reyes (Figuras 8 y 9).

Se representan a dos perros, símbolos de la lealtad (Figura 10).

El Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (sin especificar los nombres, el número, ni el título de reyes), que tras seguir a una estrella, buscaban al «rey de los judíos» que ha nacido en Jerusalén:

Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?». (Mt 2:1-2). «Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra» (Mt 2: 11).

La palabra «mago» proviene del persa que significa «sacerdote». Llegó al griego refiriéndose a una casta de sacerdotes persas o babilonios que buscaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios. Del griego pasó al latín como «magus» de donde llegó al español como «mago». El término «mago» se utiliza para referirse a «hombres sabios» u «hombres de ciencia» y conocedores de las Escrituras, que desde antiguo se asociaban al «mazdeísmo» (ver).

En cuanto al número, en las iglesias Sirias o de Armenia eran doce, por alusión a las doce tribus de Israel. Posteriormente, se fijaría el número de tres por el oro, incienso y mirra (el poder, la divinidad y el perfume de la muerte), los dones presentados a la Sagrada Familia y porque también eran tres los continentes (África, Asia y Europa) conocidos en la antigüedad, poblados por los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y por que tres eran las edades de la vida. A finales del siglo XV, el rey Baltazar aparece con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representan las tres razas conocidas hasta la Edad Media, de tal modo que Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltazar a los africanos.

Con respecto a los nombres de Melchor, Gaspar y Baltazar, las primeras referencias son del siglo V, en la “Excerpta latina” en la que son llamados Melichior, Gastaspa y Bithisarea y en el Evangelio Apócrifo «Evangelio Armenio de la Infancia» donde se les llama Baltazar (rey de los árabes), Melkon (rey de los persas) y Gaspar (rey de los indios).

La iglesia de San Apolinar Nuova de Rávena (Italia) presenta un friso decorado con mosaicos de mediados del siglo VI, que representa la procesión de las Vírgenes conducida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frígido, y en actitud de realizar una ofrenda a la Virgen. Sobre la cabeza de estos personajes se pueden leer los nombres de Gaspar, Melchior y Balthassar, de derecha a izquierda (Figura 11).

Figura 11. Detalle del mosaico de San Apolinar Nuevo.
Figura 11. Detalle del mosaico de San Apolinar Nuevo.

En cuanto a su origen, se habla de Oriente que puede referirse a la región de Babilonia, por lo que, para algunos autores, los magos podrían corresponder a los «Doctores babilónicos de la Tradición Oral», pero para otros autores el extremo oriente incluía todo el mundo hasta entonces conocido, y cuyo límite occidental era Tartessos, una zona que los historiadores ubican entre Huelva, Cádiz y Sevilla.

Una leyenda medieval refiere que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en el reino de Saba y los bautizó y los consagró obispos. Después fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago. Santa Elena halló tres cuerpos coronados, y consideró que se trataría de los Reyes Magos, por lo que los trasladó a Constantinopla en el siglo IV. Posteriormente, Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladó a Colonia donde son venerados en un relicario bizantino de la catedral de esta ciudad (Figura 12).

El gran simbolismo de esta obra, que presentamos, reside en la actitud de Melchor que arrodillado besa los pies de Jesús, como signo de humildad y reverencia, junto a Gaspar y Baltasar, que contemplan absortos la ceremonia (Figura 13).

El origen de la costumbre de besar los pies procede de Oriente y en el Imperio Aqueménida era la forma de venerar al Emperador de los Persas.

Tras la invasión de Alejandro Magno (331 a. C), los griegos traen esta costumbre a Occidente, consolidándose en el Imperio Romano como forma de veneración al Emperador.

Esta costumbre se mantuvo en el Imperio Romano de Oriente o Bizantino hasta su caída en 1453.

Esta forma de mostrar respeto se daba igualmente en la Edad Media, pues los vasallos juraban fidelidad a los nobles.

En el Occidente Medieval, el Papa Constantino I introdujo esta costumbre en el ceremonial pontificio en el año 709, para jurar obediencia al Papa, pero esta costumbre fue abolida por San Juan XXIII en los años 50 del siglo XX.

Así, en la época de Jesús era una tarea que se consideraba humillante y que solo la realizaban los esclavos o los sirvientes y Cristo la convirtió en una señal de humildad cuando, en la última Cena, besó los pies de los Apóstoles, luego de lavárselos.

El Beato Papa Pablo VI, el 14 de septiembre de 1975, recibió al Patriarca Melitón de Calcedonia, en representación de toda la Ortodoxia, y tras abrazarlo se arrodilló y le besó los pies en señal de humildad y reverencia para toda la Iglesia Ortodoxa.

Créditos de las imágenes


Figura 6. Detalle de Gaspar.

Figura 6. Detalle de Gaspar.

Figura 8. Acompañante de Baltazar con la copa de su don.

Figura 8. Acompañante de Baltazar con la copa de su don.

Figura 10. Detalle de los perros.

Figura 10. Detalle de los perros.

Figura 13. Detalle de Melchor, sin corona, arrodillado besando los pies de Jesús Niño.

Figura 13. Detalle de Melchor, sin corona, arrodillado besando los pies de Jesús Niño.

Figura 1. Adoración de los Reyes. Cornelis de Vos. Hacia 1630. Óleo sobre lienzo. 245 x 326 cm. Museo de Bellas Artes. Sevilla.
Figura 1. Adoración de los Reyes. Cornelis de Vos. Hacia 1630. Óleo sobre lienzo. 245 x 326 cm. Museo de Bellas Artes. Sevilla.

La primera representación que se conoce de los Reyes Magos se encuentra en la capilla griega de la catacumba de Priscila de Roma (Figura 2), cuyos frescos están datados entre la segunda mitad del siglo II y la segunda del siglo siguiente. Está situado sobre el arco que da paso al cubículo destinado a acoger los sarcófagos de la familia de los Acilios.

Figura 2. Catacumba de Santa Priscila.
Figura 2. Catacumba de Santa Priscila.

En el Museo de Bellas Artes de Sevilla, esta gran obra que presentamos ocupa un testero completo de la sala IX, y durante muchos años fue atribuida al granadino Pedro de Moya, hasta que Matías Díaz Padrón la asignó a Cornelis de Vos, en el catálogo de la exposición del centenario de Rubens en Madrid en 1977 (Figura 1).

La composición está basada en el grabado de Lucas Vorstermann, según el original de Rubens, del Museo de Bellas Artes de Lyon.

No se representa un humilde portal sino que la Sagrada Familia recibe a los Reyes Magos en el pórtico de un viejo edificio de traza clásica (Figura 3).

Figura 3. Detalle de la sagrada Familia.
Figura 3. Detalle de la sagrada Familia.

Melchor está arrodillado y descubierto (Figuras 4 y 5), mientras que Gaspar y Baltazar se sitúan en posición de pie (Figuras 6 y 7).

Figura 4. Detalle de Melchor.
Figura 4. Detalle de Melchor.
Figura 5. Detalle de la corona de Melchor.

Figura 5. Detalle de la corona de Melchor.

Figura 6. Detalle de Gaspar.

Figura 6. Detalle de Gaspar.

Figura 7. Detalle de Baltazar.
Figura 7. Detalle de Baltazar.

En los laterales, se muestran los acompañantes de los Reyes (Figuras 8 y 9).

Figura 8. Acompañante de Baltazar con la copa de su don.
Figura 8. Acompañante de Baltazar con la copa de su don.
Figura 9. Detalle de personajes acompañantes.
Figura 9. Detalle de personajes acompañantes.

Se representan a dos perros, símbolos de la lealtad (Figura 10).

Figura 10. Detalle de los perros.

Figura 10. Detalle de los perros.

El Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (sin especificar los nombres, el número, ni el título de reyes), que tras seguir a una estrella, buscaban al «rey de los judíos» que ha nacido en Jerusalén:

Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?». (Mt 2:1-2). «Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra» (Mt 2: 11).

La palabra «mago» proviene del persa que significa «sacerdote». Llegó al griego refiriéndose a una casta de sacerdotes persas o babilonios que buscaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios. Del griego pasó al latín como «magus» de donde llegó al español como «mago». El término «mago» se utiliza para referirse a «hombres sabios» u «hombres de ciencia» y conocedores de las Escrituras, que desde antiguo se asociaban al «mazdeísmo» (ver).

En cuanto al número, en las iglesias Sirias o de Armenia eran doce, por alusión a las doce tribus de Israel. Posteriormente, se fijaría el número de tres por el oro, incienso y mirra (el poder, la divinidad y el perfume de la muerte), los dones presentados a la Sagrada Familia y porque también eran tres los continentes (África, Asia y Europa) conocidos en la antigüedad, poblados por los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y por que tres eran las edades de la vida. A finales del siglo XV, el rey Baltazar aparece con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representan las tres razas conocidas hasta la Edad Media, de tal modo que Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltazar a los africanos.

Con respecto a los nombres de Melchor, Gaspar y Baltazar, las primeras referencias son del siglo V, en la “Excerpta latina” en la que son llamados Melichior, Gastaspa y Bithisarea y en el Evangelio Apócrifo «Evangelio Armenio de la Infancia» donde se les llama Baltazar (rey de los árabes), Melkon (rey de los persas) y Gaspar (rey de los indios).

La iglesia de San Apolinar Nuova de Rávena (Italia) presenta un friso decorado con mosaicos de mediados del siglo VI, que representa la procesión de las Vírgenes conducida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frígido, y en actitud de realizar una ofrenda a la Virgen. Sobre la cabeza de estos personajes se pueden leer los nombres de Gaspar, Melchior y Balthassar, de derecha a izquierda (Figura 11).

Figura 11. Detalle del mosaico de San Apolinar Nuevo.
Figura 11. Detalle del mosaico de San Apolinar Nuevo.

En cuanto a su origen, se habla de Oriente que puede referirse a la región de Babilonia, por lo que, para algunos autores, los magos podrían corresponder a los «Doctores babilónicos de la Tradición Oral», pero para otros autores el extremo oriente incluía todo el mundo hasta entonces conocido, y cuyo límite occidental era Tartessos, una zona que los historiadores ubican entre Huelva, Cádiz y Sevilla.

Una leyenda medieval refiere que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en el reino de Saba y los bautizó y los consagró obispos. Después fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago. Santa Elena halló tres cuerpos coronados, y consideró que se trataría de los Reyes Magos, por lo que los trasladó a Constantinopla en el siglo IV. Posteriormente, Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladó a Colonia donde son venerados en un relicario bizantino de la catedral de esta ciudad (Figura 12).

Figura 12. Relicario de los Tres Reyes.
Figura 12. Relicario de los Tres Reyes.

El gran simbolismo de esta obra, que presentamos, reside en la actitud de Melchor que arrodillado besa los pies de Jesús, como signo de humildad y reverencia, junto a Gaspar y Baltasar, que contemplan absortos la ceremonia (Figura 13).

Figura 13. Detalle de Melchor, sin corona, arrodillado besando los pies de Jesús Niño.
Figura 13. Detalle de Melchor, sin corona, arrodillado besando los pies de Jesús Niño.

El origen de la costumbre de besar los pies procede de Oriente y en el Imperio Aqueménida era la forma de venerar al Emperador de los Persas.

Tras la invasión de Alejandro Magno (331 a. C), los griegos traen esta costumbre a Occidente, consolidándose en el Imperio Romano como forma de veneración al Emperador.

Esta costumbre se mantuvo en el Imperio Romano de Oriente o Bizantino hasta su caída en 1453.

Esta forma de mostrar respeto se daba igualmente en la Edad Media, pues los vasallos juraban fidelidad a los nobles.

En el Occidente Medieval, el Papa Constantino I introdujo esta costumbre en el ceremonial pontificio en el año 709, para jurar obediencia al Papa, pero esta costumbre fue abolida por San Juan XXIII en los años 50 del siglo XX.

Así, en la época de Jesús era una tarea que se consideraba humillante y que solo la realizaban los esclavos o los sirvientes y Cristo la convirtió en una señal de humildad cuando, en la última Cena, besó los pies de los Apóstoles, luego de lavárselos.

El Beato Papa Pablo VI, el 14 de septiembre de 1975, recibió al Patriarca Melitón de Calcedonia, en representación de toda la Ortodoxia, y tras abrazarlo se arrodilló y le besó los pies en señal de humildad y reverencia para toda la Iglesia Ortodoxa.

Créditos de las imágenes