Pie y Humanidades

Sociedad Española de Medicina y Cirugía del Pie y Tobillo

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Vol. 3. Núm. 2. Abril 2023

Patología del pie en la pintura.
Hallux Valgus. El Expolio. El Greco

Dr. Andrés Carranza Bencano

Catedrático de Traumatología y Cirugía Ortopédica

Figura 1. El expolio. El Greco. 1570. Óleo sobre lienzo. 285 x 173 cm. Catedral de Santa María de Toledo.

Figura 1. El expolio. El Greco. 1570. Óleo sobre lienzo. 285 x 173 cm. Catedral de Santa María de Toledo.

Consta documentalmente que recibió 400 reales de adelanto a cuenta de la realización del cuadro “Expolio” el 2 de julio de 1576 por parte del cabildo de la catedral de Toledo.

La entregaría dicha obra en el año 1579 y la firma, con la que proclama su autoría, se advierte en la hoja de papel que aparece doblada en la parte inferior derecha en primer plano.

El Expolio de Cristo estaba destinado al vestuario de la sacristía catedralicia, donde el despojo de las vestiduras de Jesús obtenía un gran valor simbólico.

El motivo del cuadro encargado por el cabildo, “El Expolio”, es el momento inicial de la Pasión en el que Jesús es despojado de sus vestiduras, para lo que el pintor se inspiró en las Meditaciones sobre la Pasión de San Buenaventura, pero la composición no fue considerada adecuada por el cabildo.

En los evangelios canónicos, no consta que las tres Marías (La Virgen, María Magdalena y María Cleofás), que el Greco sitúa en la parte inferior de la composición, estuvieran presentes en ese momento, ni tampoco en el evangelio apócrifo de Nicodemo, así, en su rechazo se argumentaba que los evangelios canónicos sólo decían: “(…)los que aman a Jesús se mantenían a lo lejos (…)” De San Buenaventura procede igualmente la soga con la que Cristo es atado: “(…) y a Él le arrastraron atado con una soga como se hacía con los ladrones (…)”.

El cabildo tampoco aceptó la situación de los acompañantes por encima de Cristo, basado en iconografías antiguas bizantinas, por considerar que eran impropiedades que oscurecían la historia y desvalorizaban a Cristo.

Este fue el motivo del primero de los pleitos que tuvo el pintor en España, por desavenencias sobre los cuadros con sus clientes. En este caso, después de diversas reclamaciones y tasaciones, el pintor acabó recibiendo como pago 350 ducados sin verse obligado a cambiar las figuras que habían generado el conflicto.

La composición representa a Cristo en el centro, mirando al cielo con una expresión de serenidad, vestido con una túnica de color rojo intenso que domina el resto de la composición. El rostro de Jesús está cargado de dramatismo, especialmente los ojos, llenos de lágrimas conseguidas con un ligero toque del pincel. El amplio cuello y la postura de los dos dedos juntos serán características típicas de la mayor parte de las figuras de El Greco (Figura 1).

El rostro melancólico del Salvador queda violentamente yuxtapuesto a las figuras de sus ejecutores, que se amontonan en torno a él, una masa de figuras dispuestas a desnudarlo para comenzar la Pasión, creando una impresión de desorden con sus movimientos, gestos, picas y lanzas (Figura 2).

En la parte trasera destaca un enigmático personaje con un sombrero rojo y golilla que señala al espectador y apunta acusadoramente a Cristo, mientras otros dos discuten sobre sus vestiduras. Sobre este personaje se han dado las más variadas versiones. Se ha señalado la sintonía de este gesto con las admoniciones de San Buenaventura que prepara al fiel bajo las fórmulas «mira», «considera» y «advierte». Se plantea que representara a uno de los sacerdotes que acusaban a Jesús o que fuera un simple espectador que refuerza la intemporalidad del asunto (Figura 3)

Otro hombre vestido de verde a la izquierda de Cristo lo sujeta con una cuerda y va a proceder a desnudarlo para su crucifixión (Figura 4)

<strong>Figura 3.</strong>

Figura 3.

<strong>Figura 4.</strong>

Figura 4.

Figura 2

Figura 2.

Figura 5

Figura 5.

En la parte inferior derecha destaca el escorzo del sayón que prepara la cruz perforando un agujero para facilitar la inserción del clavo que atravesará los pies de Cristo (Figura 5).

A la derecha de Cristo, se encuentra un soldado romano con armadura anacrónica, pues se corresponde con la época del pintor. Se trata de una licencia artística que ha dado pie a varias interpretaciones. Unos lo han identificado con Longinos, el centurión romano que contempla impasible la escena, para luego convertirse al cristianismo. Para otros se trataría, en cambio, de un recurso grequiano, destinado a reforzar el carácter intemporal y simbólico del cuadro (Figura 6).

En la parte inferior izquierda aparecen las tres Marías contemplando la escena con angustia, se muestran en una perspectiva desde arriba, en contraste con la frontalidad que preside la escena principal (Figura 7).

Todo lo que no es el protagonista se encuentra oscurecido y rebajado mientras que Cristo se ilumina y destaca. El rostro iluminado de Cristo y su túnica roja forman un contraste muy fuerte con los oscuros rostros de los acompañantes y con la entonación gris que domina el fondo del cuadro, en la misma línea de grises que la armadura del caballero a la derecha de Jesús.

El Greco y su taller pintaron varias versiones sobre este mismo tema, con variantes. Entre ellas destaca la del Museo del Prado firmada por el hijo del pintor. Las principales variaciones de esta copia respecto al original, además de la calidad, es la corona de espinas que lleva Cristo, las figuras de primer término son algo mayores mientras que las del fondo están más alejadas. En general las figuras de las copias son burdas y no son comparables a la maestría del original (Figura 8).

Figura 7

Figura 7.

Figura 8

Figura 8.

Figura 6

Figura 6.

Advertimos además que, en el lado derecho, en segundo término, se ha incluido un personaje que no está representado en la tela de la catedral, un hombre anciano y canoso, con barba y escaso cabello de espaldas al espectador. El personaje que está a su derecha y que en la pintura original muestra toda la cabeza, en esta copia ha quedado parcialmente oculto (Figura 9).

En relación al pie, el Greco repite continuamente la morfología del pie griego y en Hallux Valgus.

Figura 9

Figura 9.

Créditos de las imágenes


Figura 1. El expolio. El Greco. 1570. Óleo sobre lienzo. 285 x 173 cm. Catedral de Santa María de Toledo.

Figura 1. El expolio. El Greco. 1570. Óleo sobre lienzo. 285 x 173 cm. Catedral de Santa María de Toledo.

Consta documentalmente que recibió 400 reales de adelanto a cuenta de la realización del cuadro “Expolio” el 2 de julio de 1576 por parte del cabildo de la catedral de Toledo.

La entregaría dicha obra en el año 1579 y la firma, con la que proclama su autoría, se advierte en la hoja de papel que aparece doblada en la parte inferior derecha en primer plano.

El Expolio de Cristo estaba destinado al vestuario de la sacristía catedralicia, donde el despojo de las vestiduras de Jesús obtenía un gran valor simbólico.

El motivo del cuadro encargado por el cabildo, “El Expolio”, es el momento inicial de la Pasión en el que Jesús es despojado de sus vestiduras, para lo que el pintor se inspiró en las Meditaciones sobre la Pasión de San Buenaventura, pero la composición no fue considerada adecuada por el cabildo.

En los evangelios canónicos, no consta que las tres Marías (La Virgen, María Magdalena y María Cleofás), que el Greco sitúa en la parte inferior de la composición, estuvieran presentes en ese momento, ni tampoco en el evangelio apócrifo de Nicodemo, así, en su rechazo se argumentaba que los evangelios canónicos sólo decían: “(…)los que aman a Jesús se mantenían a lo lejos (…)” De San Buenaventura procede igualmente la soga con la que Cristo es atado: “(…) y a Él le arrastraron atado con una soga como se hacía con los ladrones (…)”.

El cabildo tampoco aceptó la situación de los acompañantes por encima de Cristo, basado en iconografías antiguas bizantinas, por considerar que eran impropiedades que oscurecían la historia y desvalorizaban a Cristo.

Este fue el motivo del primero de los pleitos que tuvo el pintor en España, por desavenencias sobre los cuadros con sus clientes. En este caso, después de diversas reclamaciones y tasaciones, el pintor acabó recibiendo como pago 350 ducados sin verse obligado a cambiar las figuras que habían generado el conflicto.

La composición representa a Cristo en el centro, mirando al cielo con una expresión de serenidad, vestido con una túnica de color rojo intenso que domina el resto de la composición. El rostro de Jesús está cargado de dramatismo, especialmente los ojos, llenos de lágrimas conseguidas con un ligero toque del pincel. El amplio cuello y la postura de los dos dedos juntos serán características típicas de la mayor parte de las figuras de El Greco (Figura 1).

El rostro melancólico del Salvador queda violentamente yuxtapuesto a las figuras de sus ejecutores, que se amontonan en torno a él, una masa de figuras dispuestas a desnudarlo para comenzar la Pasión, creando una impresión de desorden con sus movimientos, gestos, picas y lanzas (Figura 2).

Figura 2

Figura 2.

En la parte trasera destaca un enigmático personaje con un sombrero rojo y golilla que señala al espectador y apunta acusadoramente a Cristo, mientras otros dos discuten sobre sus vestiduras. Sobre este personaje se han dado las más variadas versiones. Se ha señalado la sintonía de este gesto con las admoniciones de San Buenaventura que prepara al fiel bajo las fórmulas «mira», «considera» y «advierte». Se plantea que representara a uno de los sacerdotes que acusaban a Jesús o que fuera un simple espectador que refuerza la intemporalidad del asunto (Figura 3)

Figura 3.

Figura 3.

Otro hombre vestido de verde a la izquierda de Cristo lo sujeta con una cuerda y va a proceder a desnudarlo para su crucifixión (Figura 4)

Figura 4

Figura 4.

En la parte inferior derecha destaca el escorzo del sayón que prepara la cruz perforando un agujero para facilitar la inserción del clavo que atravesará los pies de Cristo (Figura 5)

Figura 5

Figura 5.

A la derecha de Cristo, se encuentra un soldado romano con armadura anacrónica, pues se corresponde con la época del pintor. Se trata de una licencia artística que ha dado pie a varias interpretaciones. Unos lo han identificado con Longinos, el centurión romano que contempla impasible la escena, para luego convertirse al cristianismo. Para otros se trataría, en cambio, de un recurso grequiano, destinado a reforzar el carácter intemporal y simbólico del cuadro (Figura 6).

Figura 6

Figura 6.

En la parte inferior izquierda aparecen las tres Marías contemplando la escena con angustia, se muestran en una perspectiva desde arriba, en contraste con la frontalidad que preside la escena principal (Figura 7).

Figura 7

Figura 7.

Todo lo que no es el protagonista se encuentra oscurecido y rebajado mientras que Cristo se ilumina y destaca. El rostro iluminado de Cristo y su túnica roja forman un contraste muy fuerte con los oscuros rostros de los acompañantes y con la entonación gris que domina el fondo del cuadro, en la misma línea de grises que la armadura del caballero a la derecha de Jesús.

El Greco y su taller pintaron varias versiones sobre este mismo tema, con variantes. Entre ellas destaca la del Museo del Prado firmada por el hijo del pintor. Las principales variaciones de esta copia respecto al original, además de la calidad, es la corona de espinas que lleva Cristo, las figuras de primer término son algo mayores mientras que las del fondo están más alejadas. En general las figuras de las copias son burdas y no son comparables a la maestría del original (Figura 8).

Figura 8

Figura 8.

Advertimos además que, en el lado derecho, en segundo término, se ha incluido un personaje que no está representado en la tela de la catedral, un hombre anciano y canoso, con barba y escaso cabello de espaldas al espectador. El personaje que está a su derecha y que en la pintura original muestra toda la cabeza, en esta copia ha quedado parcialmente oculto (Figura 9).

Figura 9

Figura 9.

En relación al pie, el Greco repite continuamente la morfología del pie griego y en Hallux Valgus.

Créditos de las imágenes