Pie y Humanidades
Sociedad Española de Medicina y Cirugía del Pie y Tobillo
Vol. 4. Núm. 6. Agosto 2024
El pie y los crucificados de Sevilla
Crucificado de la iglesia de Los Capuchinos
Prof. Andrés Carranza Bencano
Catedrático de Traumatología y Cirugía Ortopédica
En la cabecera de la nave del evangelio, nos encontramos con una simple capilla que contiene un crucificado de estilo barroco del siglo XVIII, de autor anónimo (Figura 1).
Figura 1.
El único dato concreto que se conoce de este crucificado es que se destinó a la Orden Tercera del Convento a finales del siglo XVIII, pero los estudios concuerdan en indicar que la efigie es anterior (finales del XVI y principios del XVII), en concreto es una talla de estilo manierista, de autor anónimo.
Es un crucificado vivo que mira hacia la derecha y lo más llamativo es que se retuerce en la cruz de forma dramática, como la “serpentinata” manierista, que recuerdan al «contraposto» del grabado de Miguel Ángel, como en el crucificado de la Expiración del Museo (Figura 2).
Fisiopatológicamente esta actitud se corresponde con las contracciones tetánicas secundarias a los graves trastornos del metabolismo hidroelectrolíticos, en relación con todo el proceso de la Pasión.
Figura 2. Crucificado.
Figura 3. Detalle de la cabeza y cara desde el lado izquierdo.
Como hemos comentado, presenta la cabeza caída y dirigida hacia la derecha con los parpados semicerrados, con una expresión en los ojos de extrema dulzura, y con la mirada perdida como corresponde a los últimos momentos de la vida (Figuras 3, 4, 5 y 6).
Figura 4. Detalle de la cabeza y cara desde el lado izquierdo.
Figura 5. Detalle de la cabeza y cara desde el lado derecho.
Los brazos se mantienen casi horizontales como corresponde a un Cristo vivo y presenta los clavos en las palmas de las manos con extensión de los dedos (Figuras 7 y 8).
Figura 7. Detalle de los brazos.
El paño de pureza apoyado sobre una cuerda y anudado al lado derecho, deja al descubierto la zona de la cadera derecha. Presenta una gran oblicuidad pues se adapta a la asimetría pélvica que manifiesta el “contraposto”, responsable de una gran sensación de movimiento (Figuras 9, 10 y 11).
Los pies se fijan con un solo clavo, estando el pie izquierdo sobre el derecho (Figuras 12 y 13), situación poco habitual en las representaciones artísticas de la crucifixión, pero que se corresponde con lo que nos muestra la Sabana Santa de Turín.
Figura 12. Detalle de los brazos.
En la cabecera de la nave del evangelio, nos encontramos con una simple capilla que contiene un crucificado de estilo barroco del siglo XVIII, de autor anónimo (Figura 1).
Figura 1.
El único dato concreto que se conoce de este crucificado es que se destinó a la Orden Tercera del Convento a finales del siglo XVIII, pero los estudios concuerdan en indicar que la efigie es anterior (finales del XVI y principios del XVII), en concreto es una talla de estilo manierista, de autor anónimo.
Es un crucificado vivo que mira hacia la derecha y lo más llamativo es que se retuerce en la cruz de forma dramática, como la “serpentinata” manierista, que recuerdan al «contraposto» del grabado de Miguel Ángel, como en el crucificado de la Expiración del Museo (Figura 2).
Fisiopatológicamente esta actitud se corresponde con las contracciones tetánicas secundarias a los graves trastornos del metabolismo hidroelectrolíticos, en relación con todo el proceso de la Pasión.
Figura 2. Crucificado.
Como hemos comentado, presenta la cabeza caída y dirigida hacia la derecha con los parpados semicerrados, con una expresión en los ojos de extrema dulzura, y con la mirada perdida como corresponde a los últimos momentos de la vida (Figuras 3, 4, 5 y 6).
Figura 3. Detalle de la cabeza y cara desde el lado izquierdo.
Figura 4. Detalle de la cabeza y cara desde el lado izquierdo.
Figura 5. Detalle de la cabeza y cara desde el lado derecho.
Los brazos se mantienen casi horizontales como corresponde a un Cristo vivo y presenta los clavos en las palmas de las manos con extensión de los dedos (Figuras 7 y 8).
Figura 7. Detalle de los brazos.
El paño de pureza apoyado sobre una cuerda y anudado al lado derecho, deja al descubierto la zona de la cadera derecha. Presenta una gran oblicuidad pues se adapta a la asimetría pélvica que manifiesta el “contraposto”, responsable de una gran sensación de movimiento (Figuras 9, 10 y 11).
Los pies se fijan con un solo clavo, estando el pie izquierdo sobre el derecho (Figuras 12 y 13), situación poco habitual en las representaciones artísticas de la crucifixión, pero que se corresponde con lo que nos muestra la Sabana Santa de Turín.
Figura 12. Detalle de los brazos.













