Pie y Humanidades

Sociedad Española de Medicina y Cirugía del Pie y Tobillo

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Vol. 4. Núm. 3. Julio 2024

Simbolismo del pie en la pintura

Cristo crucificado. Francisco de Zurbarán

Prof. Andrés Carranza Bencano

Catedrático de Traumatología y Cirugía Ortopédica

La escena la protagoniza Jesús crucificado expirante, sobre un fondo oscuro que realza la figura luminosa de Cristo crucificado (Figura 1).

Este fondo oscuro no implica necesariamente que sea el cuadro de la etapa más tenebrista, ya que al morir Cristo, el cielo oscureció durante tres horas: “Hacia el mediodía las tinieblas cubrieron toda la región hasta las tres de la tarde” (Lc. 23: 44).

Es una composición poco sangrienta porque los sufrimientos morales de Jesús superan en este momento sus padecimientos físicos. El sufrimiento que expresa aquí es de índole psíquica, denotando su total abandono.

Está vivo todavía y en trance de expirar. Su cabeza vuelta hacia el cielo, lanza una mirada suplicante, con los ojos vidriosos (Figura 2). No sabemos cuál de sus últimas palabras está pronunciando: “Elí, Elí, ¿lema sabaktani?” (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) (Mt, 27: 46; Mc. 16: 34), es decir el primer versículo del salmo (Sal. 22, 2), o más bien cuando lanzó un grito y dijo: “Padre a tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23: 46).

Figura 1. Jesús Crucificado expirante. Zurbarán, Francisco de. Hacia 1640. Óleo sobre lienzo. 255 x 193 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala V. Desamortización del convento de Capuchinos.

Figura 1. Jesús Crucificado expirante. Zurbarán, Francisco de. Hacia 1640. Óleo sobre lienzo. 255 x 193 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala V. Desamortización del convento de Capuchinos.

Figura 2. Detalle de la cabeza.

Figura 2. Detalle de la cabeza.

Llama la atención el abultado paño de pureza (Figura 3), así como su intensa luminosidad. Presenta un magnífico tratamiento plástico, en que destaca su efecto fuertemente claroscurista sobre el fondo de la escena.

Cristo aparece crucificado con las normas impuestas por Pacheco, es decir Jesús aparece sujeto al madero de la cruz con cuatro clavos, a nivel de las manos y los pies, que se apoyan sobre un supedáneo, y con el titulus redactado en hebreo, latín y griego (Figuras 4 y 5).

Figura 3. Detalle del paño de pureza.

Figura 3. Detalle del paño de pureza.

Figura 4. Detalle de la mano derecha.
Figura 4. Detalle de la mano derecha.

Es increíble el tremendo verismo de los pies clavados en el madero, con el detalle finísimo de la sombra de los clavos y de las puntas de los dedos y las uñas alteradas por el camino del Calvario (Figura 6).

Esto puede explicar el por qué Zurbarán fue considerado en el siglo XIX como el “Caravaggio español”.

Figura 6. Detalle de los pies.

Figura 6. Detalle de los pies.

Créditos de las imágenes


Figura 5. Detalle de la mano izquierda.

Figura 5. Detalle de la mano izquierda.

La escena la protagoniza Jesús crucificado expirante, sobre un fondo oscuro que realza la figura luminosa de Cristo crucificado (Figura 1).

Este fondo oscuro no implica necesariamente que sea el cuadro de la etapa más tenebrista, ya que al morir Cristo, el cielo oscureció durante tres horas: “Hacia el mediodía las tinieblas cubrieron toda la región hasta las tres de la tarde” (Lc. 23: 44).

Es una composición poco sangrienta porque los sufrimientos morales de Jesús superan en este momento sus padecimientos físicos. El sufrimiento que expresa aquí es de índole psíquica, denotando su total abandono.

Está vivo todavía y en trance de expirar. Su cabeza vuelta hacia el cielo, lanza una mirada suplicante, con los ojos vidriosos (Figura 2). No sabemos cuál de sus últimas palabras está pronunciando: “Elí, Elí, ¿lema sabaktani?” (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) (Mt, 27: 46; Mc. 16: 34), es decir el primer versículo del salmo (Sal. 22, 2), o más bien cuando lanzó un grito y dijo: “Padre a tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23: 46).

Figura 1. Jesús Crucificado expirante. Zurbarán, Francisco de. Hacia 1640. Óleo sobre lienzo. 255 x 193 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala V. Desamortización del convento de Capuchinos.

Figura 1. Jesús Crucificado expirante. Zurbarán, Francisco de. Hacia 1640. Óleo sobre lienzo. 255 x 193 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sala V. Desamortización del convento de Capuchinos.

Llama la atención el abultado paño de pureza (Figura 3), así como su intensa luminosidad. Presenta un magnífico tratamiento plástico, en que destaca su efecto fuertemente claroscurista sobre el fondo de la escena.

Cristo aparece crucificado con las normas impuestas por Pacheco, es decir Jesús aparece sujeto al madero de la cruz con cuatro clavos, a nivel de las manos y los pies, que se apoyan sobre un supedáneo, y con el titulus redactado en hebreo, latín y griego (Figuras 4 y 5).

Figura 2. Detalle de la cabeza.

Figura 2. Detalle de la cabeza.

Figura 3. Detalle del paño de pureza.

Figura 3. Detalle del paño de pureza.

Figura 4. Detalle de la mano derecha.
Figura 4. Detalle de la mano derecha.
Figura 5. Detalle de la mano izquierda.

Figura 5. Detalle de la mano izquierda.

Es increíble el tremendo verismo de los pies clavados en el madero, con el detalle finísimo de la sombra de los clavos y de las puntas de los dedos y las uñas alteradas por el camino del Calvario (Figura 6).

Esto puede explicar el por qué Zurbarán fue considerado en el siglo XIX como el “Caravaggio español”.

Figura 6. Detalle de los pies.

Figura 6. Detalle de los pies.

Créditos de las imágenes