Pie y Humanidades

Sociedad Española de Medicina y Cirugía del Pie y Tobillo

Vol. 1. Núm. 2. Diciembre 2021

El soñador de pies

J. J. Zwart-Milego

Miembro cesante de la Sociedad Española de Médicos Escritores y Artistas

I


Call me Ishmael, pero no me confundan pues no soy ballenero, el dichoso nombre fue un antojo de mi madre por ser admiradora del capitán Ahab, o más bien estaba enamorada de la imagen de Gregory Peck en dicha película. Por eso no era raro verla por las tardes en el cine de barrio repitiendo sesión doble. Aquellos añorados cines hoy desaparecidos en los que entre el griterío de chavales y el crujir de pipas y altramuces se desarrolló nuestra infancia.

Al llegar a la edad de crearme un futuro mi padre decidió sin contar conmigo que estudiase medicina, porque repetía que “un médico siempre es un médico” y se quedaba tan ancho con su elevado pensamiento. Pero a mí no me importaba pues lo que deseaba era salir del pueblo y vivir una vida menos claustrofóbica.

Llegado el momento y entre lágrimas maternas y consejos paternos me trasladé a A Coruña y allí busqué una pensión que respirase alegría, alboroto y buen precio. No era difícil pues abundaban, ya el primer día de clase el equipo de alborotadores me aconsejó la suya. Cual Casa de Troya de Pérez Lugín, así era la aconsejada. En un edificio antiguo algo deteriorado por el tiempo, regentado por una matrona rolliza en carnes y con algo de bigote, que no hacía ascos a los nuevos estudiantes (...ni a los antiguos). Confraternizábamos estudiantes de varias carreras a los que sólo nos unía la falta de pecunio y el afán de diversión. Nuestra afición eran la taberna y perseguir mozas bajo los soportales y pronto me enamoré de una que estaba pichu canela, para que lo entiendan los del sur, era canela fina o canelita en rama.

Entre los huéspedes trabé mayor amistad con Santiago Porriño, menudo pieza el andoba, era mayor que yo y provenía de otro pueblo del interior. En su historial cabe contar que, al morir su padre de oficio ganadero caprino, hijo único, se vendió el rebaño y decidió estudiar Filosofía, pues según decía lo suyo era el amor a la sabiduría. Y en verdad lo era pues todo lo convertía en razonamientos que acababan en silogismos amañados, era un sofista, ensartaba en la conversación unas premisas harto dudosas y acababa con la conclusión que le convenía.

Acabada la carrera de Filosofía, descontento con la enseñanza y sin aceptar un trabajo de subordinado, pues de hecho lo suyo era no hacer nada provechoso, decidió empezar otra carrera y hete aquí matriculado en Podología. Como siempre hacia su silogismo categórico “el ser humano camina, al que camina le duelen los pies, ergo curar los pies es la mejor carrera para hacerse rico”. Luego de tamaña deducción respiraba hondo satisfecho de sí mismo. Los amigos nos reíamos y a sus espaldas comentábamos sus insensateces.

En otras ocasiones y siempre que tuviese un numeroso auditorio nos exponía sus teorías sobre la evolución del cerebro: “El ser humano primitivo vivía en los árboles, era feo, canijo, mal alimentado y carroñero. Bajaba de los árboles huidizo y siempre pendiente de no ser la presa y buscar algún resto de la comida dejada por otros para alimentarse. Pero en milenios surge el milagro, ya sea por evolución o creación, cada cual con su fe; tambaleante en sus pasos como la pareja de Laetoli (Lucy and father or mother or don’t know). Encuentra más practica la nueva situación y se adapta a lo nuevo. Así se desplaza mejor, corre y salta y sobre las hierbas de la sabana otea a sus enemigos. Con los siglos mejora, su pie se hace más estable, su columna al enderezarse crea nuevas curvas, sus ojos se hacen frontales con mayor precisión de dimensionalidad y como final su cráneo se hace más voluminoso y su cerebro crece.

Y aquí surge mi teoría, si el pie es filogenética anterior al cerebro pensante, es de índole superior a él y el dicho vulgar es equívoco cuando de una persona de ideas no ortodoxas se dice “éste piensa con los pies” realmente no es peyorativo sino halagador. Pronto escribiré un libro sobre mi hallazgo (Figura 1).


Figura 1

Figura 1. Pie pensante vs. Pensar con los pies.


Llegados este punto y lo hilarante de sus conclusiones y sin poder contener la risa nos dispersamos.


II


Pasaron bastantes años, dejé de verle y no volví a saber de él. Yo acabé la carrera de Medicina especializándome en Traumatología, me casé, tuve dos hijos y por mi trabajo fui contratado por un hospital de Barcelona, para Cervantes “archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros” ciudad donde actualmente resido. Pero como en la vida la serendipia es más frecuente de lo que creemos, sucedió que estando en un congreso en Madrid en el momento del descanso entre conferencias, encuentro en el hall entre muchos stands uno que me llama la atención por su anuncio:

PLANTILLAS ELECTROSENSITIVAS.
LA ÚLTIMA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE SUS PIES.


Quedé sorprendido por el titular y por simple curiosidad me acerqué a echar un vistazo, ¡Sorpresa! Allí estaba mi antiguo amigo Santiago, ¡más gordo y más calvo¡ como en realidad a la larga así todos nos vemos o veremos. Se acercó a mí con los brazos abiertos para un abrazo.

—¡Caramba, Ismael cuantos años sin verte! Estas igual que cuando estudiábamos en A Coruña (frase obligatoria, aunque estés más cascado que una pasa y renquees de una pierna). No sabía o no recordaba lo que me molestaba mi nombre en público, por lo que tuve siempre inquina a mi madre pues supuse que fue el capricho erótico subliminal por el actor de la película el capitán Ahab.

—Estás hecho un chaval y mira que han pasado años. Por estos letreros veo que anuncias un artículo especial.

—Calla hombre, esta plantilla es una bomba, hasta me la solicitan del extranjero, ¡Me la quitan de las manos! (esta frase me recordó a un vendedor de mercadillo). El último grito en el tratamiento del pie plano. Con sus electrodos estimula los músculos del pie tonificándolos y al poco tiempo endereza los huesos y crea el arco longitudinal normal venciendo la pronación. Puedo hacerme millonario. Además, fíjate con este simple artilugio soluciono un problema tan generalizado en la infancia y supero vuestras cruentas operaciones con tenetomías, osteotomías y demás mandangas con las que destrozáis el pie y encima sin garantía.

—Sic…

Me mostró una plantilla de silicona transparente en cuyo interior se vislumbraban 6 pilas de níquel-cadmio sobre un circuito impreso cruzado de mínimas bobinas y cubriendo la superficie de apoyo unos diez extremos de electrodos. Me dio escalofríos pensar que aquel artilugio debía dar calambres en la planta y más con el pie sudado.

—Mira querido amigo, te quiero pedir tu docta opinión sobre unas ideas que tengo y te invito a comer para tener tiempo de charlar tranquilos.

A mí lo de querido y docta opinión me sonaban a halagos interesados y el invite de palabra solamente pues la cuenta no dudaba que me tocaría pagarla a mí. Mi mujer, si recuerdan el principio es aquella chica coruñesa que refería, al empezar el relato, siempre dice que no se negarme (la prueba, me casé) y que siempre acabo accediendo ante la insistencia. Y para completar su ataque (cariñoso pero ácido) que siempre hago elucubraciones sobre cualquier tema, de los que conozco y de los que dicho en Roman paladino no tengo ni puñetera idea. Mi mujer siempre lo achaca de forma irónica a que pienso demasiado y yo muy ladino para defenderme (que es el mejor ataque) le contesto que pienso por los dos.
Total, que después de repensarlo accedí a acompañarle al restaurante.


III


El restaurante elegido por mi amigo era de tres estrellas Michelin, total nada, significaba que su comida era de excepción. Estaba bastante desierto y ya me hizo sufrir pensando en los precios. Santiago eligió una mesa en un rincón donde poder conversar privadamente y leyendo el menú eligió un entrante de kokotxas de bacalao al pil-pil, seguido de solomillo Chateaubriand (pensé si era posible para una persona ingerir todo aquello y por mi parte me conformé sólo con un plato de merluza a la donostiarra).

—Camarero y para regar todo un buen Ribera del Duero, eso sí que sea del 64.

Y mirándome y guiñando un ojo siguió:

—Sabes Ismael, es la mejor añada.

Comió en silencio como haría un gourmet francés y acabando se repantingó en la silla pidiendo café y cognac en copa de balón.

—Los ingleses la llaman snifter (pensé ya que se empeñaba en chapurrear el idioma inglés, que con su afectación era un snob).

Me miraba no se si pidiendo mi admiración, pero creo que en sus ojos se marcaba un fondo de socarronería sanchopancesca, me imaginé que debido al festín que se había dado a mi costa. Entonces hurgando en el bolsillo superior de la chaqueta extrajo medio caliqueño arrugado y bastante chupado y encendiéndolo apestó el ambiente como gases de guerra.

—Bien querido amigo, ahora que hemos acabado (yo ya hacía rato), te voy a exponer el resultado de mi última investigación. Recordarás que siempre defendí la superioridad del pie sobre el cerebro y escribí un tratado, es un hecho que filogenéticamente gracias al primero evolucionó el segundo quod erat demonstrandum, pues bien, ahora he llegado a la conclusión de que la influencia del pie con el cerebro es recíproca, y puedo asegurar que muchos problemas y deformidades del pie son de origen psicógeno. Para empezar, te voy a hacer un preámbulo que justifique. Cuando estudiaba filosofía, tú sabes que tengo la carrera (vaya si lo sé pensé y la de pelmazo también) me llamó la atención las controversias de autores y filósofos sobre variados temas, entre ellos si la maldad o bondad del hombre es innata o adquirida.

En el siglo II (a. C.) Plauto en su obra Asinaria dice lupus est homo homini, que significa “el hombre es el lobo del hombre”. En el siglo XVII Hobbes lo ratifica y llegando el XVIII cien años más tarde Rousseau lo niega y defiende la “teoría del buen salvaje” el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe, pero no acaban aquí las opiniones pues en el siglo XX Sigmund Freud vuelve a decidir en su libro “Más allá del principio del placer” cuestionando si el individuo defendiendo su instinto primario puede volcarse en la parte negativa del displacer.
Siguiendo, el etólogo Konrad Lorenz en su libro “Sobre la agresividad”, dice que la agresividad es un instinto de defensa y que beneficia a la especie para sobrevivir, es decir sería equiparable al darwinismo.

Pero llega el zoólogo Desmond Morris y nos habla del mono desnudo y nos equipará con los animales. Refiere que hay 193 especies de monos y el único con alopecia es el humano. Que el principio de la agresividad de los simios es ora por mantener la jerarquía y ora por marcar el territorio para no ser invadido (creo que con mucha razón nos compara a los animales, pero a mi ver mejor con los borricos y en cuanto a marcar territorio la verdad no sería digno pasearnos haciendo marcas de orina).

No hay que olvidar las teorías de Alfred Adler, el disidente de Freud, en las que en el hombre predomina el sentimiento de inferioridad y el ansia de poder, sentimientos que en mi concepción potencian su capital agresivo.

De todo lo expuesto y se corrobora, no hay duda de que el ser humano por instinto innato es cruel y a base de este principio se desarrolla y escala en la sociedad. Sucede que socialmente con la familia, la escuela, la religión y las leyes se va cubriendo de un barniz de cultura que enmascara y modela sus instintos primitivos.
Pero, atiende Ismael (…y dale con mi nombre con lo que me fastidia), el ser humano ha disfrazado su instinto básico, pero pervive en su inconsciente sin él saberlo. En los momentos de stress, de angustia, cuando su mundo se desmorona, cuando la familia le agota, cuando en el trabajo no reconocen sus méritos, cuando sufre burnout y tantas situaciones conflictivas, entonces su parte instintiva cruel se revela, estaba oculta en el inconsciente, en el Ello, y sin darse cuenta aflora y como animal herido se revela asomando sus garras como un felino. Pero claro tiene el condicionante de la cultura y de las reglas sociales y no puede atacar, se reprime, pero en su parte oculta que nadie ve engarfia los dedos de los pies que oculta dentro del zapato como última señal de su maltrecho instinto salvaje. Y ahí tienes el origen de los dedos en garra o en martillo tan frecuentes en nuestras consultas (Figuras 2, 3 y 4). Después de mucho cavilar, pienso que dichas deformidades son psicógenas y deberían ser tratadas por el psicólogo.


Figura 2

Figura 2. Las Tres Gracias. Rubens. Museo del Prado. Madrid. Detalle de interés médico.



Figura 3

Figura 3. A: dedos en garra vista anterior; B: dedos en garra vista dorsal.



Figura 4

Figura 4. Fuente de los Cuatro Ríos. Bernini. Plaza Nabona. Roma. Las estatuas son cuatro veces mayores que la medida normal. Detalle de interés médico.


¿No opinas tú lo mismo?

—Lo que me expones es interesante y los has explicado perfectamente, aunque desde el principio he pensado que te escuchas demasiado y que tus preguntas son todas retóricas. Dudo si el psicólogo lo aceptaría o te citaría a ti para revisión.

—Oh Horacio, hay más cosas en el cielo y la tierra que las que sospecha tu filosofía —me contestó remedando a Shakespeare.

Abrumado por sus conjeturas, Oculte a medias las ganas de embromarle, y además empecé a sospechar que en el aspecto etiológico no iba tan desencaminado; aproveché el momento para pagar (lo suponía) y despedirme, deseándole que siguiera investigando temas tan graves y trascendentes para el futuro.

Agenda


Por orden de aparición en el texto:

Herman Melville. Estados Unidos. 1819-1891. Clasificado como uno de los mejores escritores estadounidenses. La novela Moby-Dick es un compendio de terminología marinera y de la pesca de la ballena en el mar. La frase "Llamadme Ismael" con que se inicia es uno de los principios más renombrados de la literatura.

Alejandro Pérez Lugín. España. 1870-1926. Periodista y novelista. La Casa de la Troya es una de sus novelas más conocidas, se sitúa en la vida universitaria en Santiago de Compostela.

Cervantes. España. 1547-1616. El Quijote, 2.ª parte. Capítulo LXXII.

Tito Maccio Plauto. Roma. 254 aC -184 aC. Comediógrafo latino. Obras suyas son Miles gloriosos, Aulularia, Asinaria.

Thomas Hobbes. Inglaterra. 1588-1679. Filósofo inglés. Una de sus obras más conocidas es Leviatán, donde habla de la sociedad, su origen y su gobierno.

Jean-Jacques Rousseau. Suiza. 1712-1778. Filósofo, pedagogo y varias actividades más. Sus obras principales son El contrato social y El Emilio, o de la educación.

Sigmund Freud. Austria. 1856-1939. Médico y neurólogo, discípulo en París de Charcot. Creador del psicoanálisis. Polifacético y considerado uno de los mayores pensadores del pasado siglo.

Fuente de las imágenes


 

 

 

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